domingo, 19 de mayo de 2013

Estrategias de inversión que podemos aprender de los ricos


Estrategias de inversión que podemos aprender de los ricos


Un nuevo estudio ofrece una mirada integral sobre los portafolios y decisiones de inversión de varios cientos de las familias más ricas de Estados Unidos. Cada inversionistas, rico o no, puede aprender de la forma en que estas personas aprovechan al máximo sus ventajas, y de la forma en que se equivocan.
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Estos hogares, con un patrimonio neto de unos US$90 millones, invierten, en su mayor parte, de forma inteligente: esparcen sus apuestas ampliamente, rara vez hacen transacciones y mantienen sus impuestos de inversión al mínimo.

Pero los súper ricos también cometen errores de principiantes. Sus enfoques ante la diversificación quizás no sean los ideales. Persiguen las modas pasajeras de inversión como perros que van detrás de autos estacionados. Se paralizan con temor justo cuando es más probable que la valentía sea recompensada.

Tres economistas —Enrichetta Ravina, de la Escuela de Negocios de Columbia; Luis Viceira, de la Escuela de Negocios de Harvard; e Ingo Walter, de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York— analizaron los activos y las operaciones de más de 260 familias ultra ricas entre 2000 y 2009. Los datos provinieron de una empresa privada no identificada que consolida información de cuentas para los adinerados.

¿Qué hicieron bien estos inversionistas ricos?

Primero, sacaron el máximo provecho de sus “ventajas comparativas”, o de sus fortalezas únicas: tienen acceso a inversiones privilegiadas y pueden comprometer mucho dinero durante un tiempo prolongado. Los ultra ricos conservan alrededor de 20% de sus activos en fondos de cobertura y varias formas de private equity, gran parte en “inversiones ángel”, o empresas nuevas a las que les proveen tanto capital como asesoría en administración a cambio de retornos potencialmente más altos.

Y los más ricos “no rotan mucho sus portafolios”, afirma Ravina, quien encabezó el estudio. Rara vez hacen corretaje, aunque están más dispuestos que los inversionistas regulares a incorporar pérdidas con propósitos impositivos.

Quizás eso se deba a que, con un promedio de seis asesores cada uno, siempre tienen a quien culpar por la pérdida, lo que los vuelve menos renuentes a admitir un error.

Sin embargo, los ricos no hace todo bien.

A comienzos de 2001, estas familias adineradas tenían un magro 0,01% de su patrimonio total en los complejos instrumentos conocidos como valores respaldados por hipotecas. Pero los ricos “buscaban retornos, y los valores respaldados por hipotecas parecían ser exitosos en ese momento, así que los compraron”, dice Ravina.

En el primer semestre de 2007, los valores respaldados por hipotecas representaron más de 2,3% del patrimonio total de las familias. Algunas de estas inversiones de moda resultaron ser riesgosas. El índice Barclays CMBS +7, una medida de un segmento de ese mercado, perdió 36% en 2008.

“Es peligroso seguir las modas si no puedes dar marchas atrás a tiempo cuando la moda cambia”, sostiene Ravina. Para comienzos de 2009, las familias ricas tenían sólo 0,6% de esos valores.

El portafolio típico en el estudio contiene casi 120 acciones individuales, más de dos decenas de fondos de inversión, fondos que cotizan en bolsa y similares. Ravina cree que al tener tantas posiciones, los adinerados consiguen la flexibilidad para incorporar ganancias y pérdidas, y por lo tanto minimizar sus impuestos.

 Pero también es posible que al tener tantos valores, los ricos incurran en costos excesivos, y desperdicien parte de la ventaja informativa que podrían obtener a través de sus redes sociales y de negocios.

Podrían beneficiarse al colocar la mayor parte de su dinero en un fondo indexado que incluya todas las empresas en un promedio amplio del mercado y el resto en un puñado de empresas que conocen bien.

Los ricos también ajustan el equilibrio, al recortar activos que han subido y fortalecer posiciones que han caído. Pero no son lo suficientemente consistentes.

Los adinerados “son buenos para ajustar la balanza cuando es fácil, pero no lo hicieron cuando fue difícil”, dice Ravina. “Son humanos, como todos nosotros. 

Durante la crisis financiera, la mayoría simplemente quedó paralizada”.
El portafolio total en acciones en manos de las familias ricas cayó de US$8.000 millones a mediados de 2008 a US$3.000 millones en marzo de 2009, considerablemente peor que la caída de 36% en el mercado bursátil general durante el mismo período.

Si hubieran vendido algunos bonos y otros activos para comprar acciones cuando cayó el mercado, las familias hubieran incrementado su patrimonio en más de US$500 millones para marzo de 2009, estima Ravina.

Usted, también, debería pensar en cuál es su ventaja comparativa como inversionista. No es probable que la mayoría de los individuos gane una ventaja al tratar de superar a Wall Street en su propio juego de corretaje rápido y medición constante de los retornos en relación al mercado indexado.

Es mejor hacer lo que Wall Street no puede: cultivar la paciencia, vender y comprar valores con la menor frecuencia posible, concentrándose sólo en esas compañías poco corrientes sobre las que podría saber algo que los demás no saben, y, finalmente, ajustando el equilibrio cuando es más difícil.

Eso podría significar reducir acciones un poco en momentos en que otras personas están más tentadas a comprarlas.

The Wall Street Journal Americas

sábado, 18 de mayo de 2013

El papel de la confianza en el éxito económico

El papel de la confianza en el éxito económico

La confianza en uno mismo siempre es mencionada como un atributo deseable para las personas. Se destaca la importancia de fomentarla entre los niños y de crear condiciones que nos permitan mantenerla a lo largo de la vida, haciéndo hincapié en su importancia para tomar decisiones.
El papel de la confianza en el éxito económico

Pero más allá de señalarlo, ¿qué evidencia existe respecto de cómo impacta la confianza en nuestras decisiones, particularmente en aquellas relacionadas con nuestra vida económica y financiera?

En un ensayo publicado en abril pasado por el Journal of Economic Behavior and Organization, el investigador Christo A. Pirinsky del Departamento de Finanzas de la Universidad George Washington de Estados Unidos publicó los resultados de una investigación construida a partir de medir en 12 países cómo la confianza se relaciona con las actitudes económicas de las personas.

Sus conclusiones son que las personas que exhiben mayores niveles de confianza tienden a presentar actitudes que asumen mayor nivel de riesgo y mayor capacidad de emprendimiento; presentan una mejor actitud ante entornos en los que enfrentan competencia y son más proclives a crear relaciones y a involucrarse en situaciones de cooperación e interacción entre personas para alcanzar fines económicos comunes.

Asimismo, aunque no es un tema relacionado directamente con lo económico existe, de acuerdo con el estudio, una clara correlación entre los niveles de confianza y la felicidad que sienten las personas.

El estudio destaca que aunque existen variaciones entre países en cómo se presenta y se manifiesta la confianza, ésta disminuye conforme aumenta la edad y se acrecienta con el nivel educativo de las personas.

Existen, sin embargo, dos temas que pueden resultar contradictorios. El primero es que la confianza llevada al extremo muestra evidencia de incidir negativamente en la conducta económica.

Es peligrosa 
la confianza excesiva

Las personas con una confianza excesiva en su capacidad para enfrentar la adversidad tienen tendencia, por ejemplo, a tomar riesgos excesivos en lo financiero y a tener una menor propensión al ahorro.

Es como si en el extremo, una confianza desmedida en mí mismo me hiciera erróneamente pensar que puedo enfrentar cualquier escenario económico adverso y que no requiero prever mediante el ahorro mi futuro porque mi capacidad me sacará adelante.

Del otro lado, la confianza excesiva provoca una sobreestimación en las capacidades de análisis de ciertas situaciones y ello puede llevar a tomar decisiones financieras incorrectas o demasiado arriesgadas.

Ante ello, ¿es buena o mala la confianza? Claramente, la confianza es un atributo favorable que conviene propiciar y desarrollar. Nutrir la confianza en nuestros hijos es evidentemente un proceso indispensable que les permitirá llevar una vida independiente más sana.

Sin embargo, la confianza debe estar referida al desarrollo de capacidades concretas y al entendimiento de los retos y, en su caso, peligros que pueden acecharnos en el entorno. No debe ser confundida con una confianza ciega que nos haga suponer poseedores de conocimientos o capacidades infalibles, o de sortear sin preparación contingencias inciertas o seguras que el futuro económico nos depara.

Sólo reconociendo las limitaciones de información y capacidad de acción que tenemos y enfrentamos los problemas (adquiriendo de manera consciente las herramientas de educación e información necesarias) y reconociendo la enorme complejidad de riesgos que nos rodean, podemos prepararnos para resolver los retos económicos y financieros que potencialmente afecten nuestra vida y la de nuestras familias.

El Economista

 

sábado, 4 de mayo de 2013

Si Se Pensara en el Cliente





No se conoce ninguna organización que exprese que no
le interesa el cliente; tampoco se sabe de ninguna que no
diga que el cliente es la razón de ser de las actividades
que desarrolla. Por eso es de extrañar que cuando tanto
se habla de la importancia y la valoración de los clientes,
lo que se demuestra con el accionar diario es otra realidad,
siendo palpable que no es lo que interesa en verdad. Y más
triste y preocupante aún es que en comités se expresen
manifestaciones y frases en contra de las opiniones y
decisiones de quienes aparentemente son la razón de
ser de las empresas, sean del carácter que sean, y que
exista tanta preocupación por la fidelidad del mercado,
pensando más en que el cliente es quien debe hacer los
esfuerzos y arriesgar más, que quien pretende formarlos
y mantenerlos.

Las varias definiciones de cliente, casi que todas desde
la óptica comercial antes que desde la verdadera
fundamentación etimológica, es quizá una razón de ser de
lo que se aprecia: deshumanización de la relación con el
cliente, enfatizando que no se dice del servicio al cliente,
habiendo hecho de la logística relacional un proceso
automatizado, lleno de códigos y trabas antes que de
facilitación de las dichas relaciones.

En el libro “Marketing de Clientes” ( José Daniel Barquero
- McGraw Hill, 2003) se menciona lo siguiente: “La palabra
cliente proviene del griego antiguo y hace referencia a la
«persona que depende de». Es decir, clientes son aquellas
personas que tienen cierta necesidad de un producto o
servicio que mi empresa puede satisfacer”. Y a ello hay
que agregar un principio del marketing en la práctica: “un
ser humano, por ser cliente no deja de ser, actuar y sentir
como ser humano”. Por lo tanto, en el mercadeo real hay
que considerar el principio de la reciprocidad que se puede
resumir en “tráteme bien y le devolveré el favor”.

Si de verdad se pensara en el cliente, como ser humano,
no se estaría dando lo que en la práctica se observa con
insistencia: mal trato, apatía, desconsideración, el dinero
antes que el bienestar de la sociedad, trabas y burocracia
inútil e innecesaria, búsqueda de culpables, ausencia de
personal en cajas y sitios de relaciones con los clientes,
falta de mobiliario adecuado, baños en mal estado, etc.

Si la importancia del cliente se demostrara, las llamadas
telefónicas serían atendidas con esmero, el cumplimiento
de las promesas y las garantías, por ejemplo, sería
común denominador, el cuidado de las personas en los
hospitales, salas de espera y oficinas sería diferente, el
exceso o recarga de trabajo de empleados y personas que
tienen que ver con las organizaciones no se apreciaría, ni
los trabajos mal remunerados, en fin, en todas partes, las
cosas serían diferentes a lo que se aprecia. Es decir, no
habría trato inhumano en tantas actividades y situaciones
como en la actualidad.

Son tantas las demostraciones de que lo que se dice de los
clientes son más palabras bonitas y promesas incumplidas
que acciones, que no habría espacio suficiente para hacer
el listado de esas manifestaciones.

No falta quien diga que conoce casos en contrario, lo cual
es absolutamente cierto, pero excepciones; tantas que se
cuentan y sobrarían dedos, como se dice, porque estamos
en un mercado que se reconoce por el conformismo,
la desconfianza, la negatividad, mucha mediocridad y
más; situaciones que hacen que exista una alta dosis
de preparación para resolver problemas antes que para
evitarlos, y aunque duele decirlo, y reconocerlo, lo que
se comenta y aprecia es una demostración más de la
ausencia del cliente como centro y razón de ser de las
actividades organizacionales, tanto de los internos como
de los externos.

El mercadeo, como es y debe ser, se refiere a los
mercados, y éstos no son otra cosa que una sumatoria
de personas humanas y jurídicas que, a su vez, están
conformadas por seres humanos, que sienten y toman
decisiones para buscar el mejoramiento del nivel de vida
de toda la sociedad, en todos los campos.

Las religiones, la política, la cultura, el deporte, para
mencionar algunas solamente, necesitan clientes, y eso
hace que el mercadeo sea una actividad organizacional,
que como Drucker tantas veces afirmó, junto con la
innovación, conforman las dos únicas funciones que
necesita cualquier organización.
Por eso hay que hacer sentir al cliente que es persona
humana.

Carlos Fernando Villa Gómez/www.tiempodemercadeo.com

domingo, 28 de abril de 2013

Las siete “trampas” psicológicas que pueden frenar el éxito en los negocios

Las siete “trampas” psicológicas que pueden frenar el éxito en los negocios



Si bien, la mayoría de las personas de éxito en sus carreras profesionales suelen tener algo en común, también se evidencian coincidencias en aquellos que no lo alcanzan aunque lo hayan intentado.
Negocios 1000 consignó algunas barreras psicológicas que es conveniente saber dominar y, en todo caso, esforzarse por cambiarlas:

1. Timidez
Aunque existen empresarios de éxito que suelen ser tímidos (como por ejemplo, Amancio Ortega), lo cierto es que este rasgo va asociado a una falta de seguridad en nosotros mismos.
El camino hacia el éxito en los negocios comienza con una gran idea de negocio, pero al mismo tiempo hay que tener la seguridad en uno mismo de que se es capaces de sacar esa idea adelante.
Es clave tener la seguridad y valentía de abandonar, en algunos casos, la zona de confort para salir a buscar las metas deseadas.
Únicamente el valiente se arriesga a emprender, y el valiente, por regla general, tiene seguridad en sí mismo y, por consiguiente, carece de timidez.

2. Pereza
Según un viejo dicho: “El perezoso camina tan lento que la pobreza no tarda en alcanzarlo”.
Algunos dicen que la pereza es la madre de todos los fracasos. Incluso teniendo una gran idea de negocio y la valentía para ejecutarla, si no se está dispuesto a tomar una acción real, la idea jamás saldrá a flote y la valentía no servirá de nada.
Para hacerse dueño del propio destino, hay que dejar de lado la pereza, la cual está dentro de los 7 pecados capitales dentro de los negocios.

3. Complacencia, conformismo
La persona conformista siempre tiene bastante con lo poco que tiene, hasta que un día necesita algo más y se arrepiente de no haber sido más “ambicioso” en su época conformista.
Por otra parte, sin pasión todo sueño se marchita. Otras personas no tienen sueños, por tanto carecen de pasión, y vivir la vida sin ello, como alguien dijo alguna vez, es vivir pero sin sentirse vivo. 

4. Distracción
Una persona que se distrae fácilmente en la búsqueda o consecución de sus objetivos suele perder el “foco”.
Como decía Donald Trump, en la mentalidad de un emprendedor, “tan pronto como pierdes tu meta, pierdes tu momentum”.
Es clave mantenerse enfocado siempre y ser disciplinado. Vivir una vida de autodisciplina es menos doloroso en el largo plazo que lamentar lo que podría haber sido.

5. Dudas
Una vez que se ha tomado una decisión, es preciso mantener la confianza en la visión y en el plan, despejando rápidamente cualquier duda que surja y expulsandola de la mente.
Hay que recordar que las carreras largas no las gana el más rápido, sino aquel que continúa corriendo cuando otros se detuvieron o aminoraron el paso.
Hay que intentar emprender el camino con todas las dudas ya resultas. Y cabe recordar: problemas siempre aparecerán, y entonces no hay que dudar, sino darles una rápida solución.

6. Deshonestidad
Esta es una cualidad muy poco atractiva que generará desconfianza hacia los demás y arruinará todo proceso.
Ser deshonesto con uno mismo es firmar el fracaso. Al comenzar a tener éxito, probablemente exista la tentación de mentir, exagerar e incluso de engañar para avanzar en los propósitos.
El verdadero éxito viene cuando uno se convierte en una persona de palabra, que con el tiempo puede explicar cómo consiguió tener éxito sin avergonzarse absolutamente de nada.
Por otra parte, ante los puntuales fracasos que vayamos obteniendo, debemos ser honestos con nosotros mismos para reconocer nuestra parte de culpa sin señalar a nadie más.

7. Ingratitud
En este punto es muy fácil perderse como persona. El no ser capaces de recordar los humildes orígenes así como reconocer los aportes de otras personas que ayudaron a tener éxito, daría una visión vacía del éxito.
En realidad no existen “los millonarios hechos a sí mismos”, ya que cada uno de ellos le debe un pedazo de gratitud a una persona o un conjunto de personas.
Algunos millonarios le deben su éxito a su mentor, otros a su mujer y otros a su plantilla de trabajadores, porque sin ellos, no hubiera sido posible.
Esto llevaría a una última cualidad que no se debe perder jamás, que sería la humildad. Una persona humilde parte de la base de que puede aprender aún de otros.

Es válido recordar el dicho: “Dos tipos de personas fracasan en la vida, las que no saben nada y las que creen saberlo todo”.

sábado, 16 de marzo de 2013

Ser Ambicioso: ¿Es positivo o Negativo?


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Ser Ambicioso: ¿Es positivo o Negativo?



Muchos consideran una persona ambiciosa como aquella que no tiene límites para lograr lo que desea e inclusive es destructiva. Otros suelen asociar la ambición al deseo de ganar dinero (codicia).

Sin embargo, nos preguntamos ¿Qué ocurre si este deseo de superación está bien encauzado y se convierte en el motor necesario para alcanzar metas personales o profesionales? ¿No habrá, acaso, una ambición positiva?

 La ambición nos impulsa a intentar hacer las cosas mejor, a no bajar los brazos, a ser perseverantes y a no darnos por vencidos frente al primer contratiempo u obstáculo.

Hay que admitir que ser demasiado ambicioso puede resultar peligroso, para la persona y para quienes se relacionan con ella. El perfil clásico del ambicioso es el de alguien ávido por adquirir riqueza material y tener y/o ser más que los demás a cualquier precio y por cualquier camino. En el otro extremo, una persona que carece de ambiciones tiende a reprimir sus aspiraciones y puede precipitarse en el fracaso o la mediocridad.

En el medio están las personas que se trazan metas y buscan conseguirlas. La ambición les asegura la dosis de energía y coraje para concretar los deseos, planes o
aspiraciones. Es allí cuando hablamos de una ambición saludable o positiva.

En otras palabras, la persona es responsable de sus logros y sus éxitos son la consecuencia de su esfuerzo, tesón y capacidad. Se siente orgullosa de su rendimiento y sus resultados. Incluso puede aceptar fallos y fracasos como consecuencia de sus acciones y decisiones.

Su misma ambición de ser cada día mejor le permite aprender de sus errores. La ambición se puede dar en lo material, lo espiritual, lo afectivo y para ser mejor persona, sin que eso signifique pasar por encima de otros.

Igualmente, existen personas que dedican su vida a un logro altruista; la ambición también puede ponerse al servicio de una causa solidaria.

Cómo diferencia un ambicioso positivo de otro negativo Un ambicioso sin límites se caracteriza por:

• Constante búsqueda de metas y desafíos cada vez más
difíciles.

• Necesidad de probar que es capaz de obtener lo que se propone.

• Insatisfacción permanente con lo alcanzado, la mirada en el futuro.

• Desvalorización de los logros obtenidos, nada parece ser suficiente.

• Deseos imperiosos de vencer a los posibles competidores.

• Necesidad incontrolable de querer siempre un poco más.

• Condicionar su valor como persona con el éxito que obtiene.

• Necesidad constante de controlar. Usualmente una persona con ambición positiva

• Ve las aspiraciones como un camino para crecer ante las dificultades.

• Considera los obstáculos como una manera de superarse

• Es creativo.

• Desea que los demás también logren su crecimiento personal.

Tres consejos para ser un ambicioso positivo

• Confeccionar una lista con las metas ambicionadas.

• Hacer tres columnas: una con los “pro”, otra con los “contra” para conseguir cada una y otra con las personas involucradas y afectadas.

• Si un proyecto requiere un esfuerzo excesivo de tiempo, energías o renuncias varias, analizar qué beneficios se recibe a cambio y si se justifica.

• Preguntarse con sinceridad hasta dónde se quiere llegar y cómo compatibilizar esa ambición con otros aspectos de la vida.